Vicente Vela. Siglo XXI
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VICENTE VELA

Francisco Brines. “Vicente Vela. Siglo XXI”. Texto del catálogo de la exposición del 2006 en el Palau de la Música del Ayuntamiento de Valencia.

Es Vicente Vela, como genuino creador andaluz, rico en sedimentos de experiencias históricas y culturales; de ahí que su mirada haya sabido hacer reales, con naturalidad, otras experiencias visitadas por su imaginación. No es solo el espacio  andaluz, vivido en su infancia y adolescencia, sino la acritud de unas circunstancias históricas que conociera y que motivaron el rechazo de un espíritu sensible. La formación del pintor fue más lenta, dada la dureza sorda del entorno, y el rompimiento del amazacotado muro no devino con la prontitud deseada. Había que destaponar los oídos y quitarle a los ojos muchas costras rutinariamente yacentes.

Hay veces en que la obra, vistas las características del hombre, hace a este más perceptible al contemplarle. Es Vela un hombre secreto y discreto, observador con recato, gozador de la vida desde el refinamiento, y que se expande en la comunicación de una risa limpia y espontánea. Alguien, pues, que ha depositado los pies en la tierra con delicada firmeza. Ha trabajado también en escenografías teatrales con éxito, y ha diseñado con gozoso acierto en la empresa de moda Loewe. El bello y sobrio logotipo de la casa es creación suya. Digo esto para resaltar que es una persona naturalmente elegante.

El rechazo al mundo circundante de sus años jóvenes se nos muestra, de modo indirecto, en su pintura. Hubo, en un momento dado, la necesidad de crear un espacio virgen en donde habitaría la luz, y de ella surgieron los colores y unas formas ambiguas que querían concretarse (no sabemos si desde o hacia lo humano). Es ahora cuando aquel cósmico caudal lírico se nos ha hecho, por narrativo y silentemente dramático, más concreto y tangible. El génesis pictórico de la luz espacial (una huida de esta luz terrena) ha derivado en un Apocalipsis (la del ojo vidente), la inocencia transformada en muda violencia, al modo en que el niño inocente desfallece en el anciano extinguible.

Los rostros, al manifestarse en mascaras, han perdido su individualidad: un mundo de pesadillas. No parece sino que el fanatismo (que engendra violencia) ha sido el eje unificador de la existencia humana. Aun así su pintura es bella porque lo es el alma que la expresa; el mundo, desalmado. La urna mítica del Mediterráneo es un vertedero acuático donde se mezclan las estatuas clásicas y la chatarra del presente: todo es una misma desastrada historia.

He hablado de su pintura porque esta nos completa el retrato del hombre: sus doloridos rechazos. Estamos ante una imaginación trágica, dialogamos con el juicio interior de una existencia humana que se nos hace ahora visible. Así como para el escritor vivir es sentir y pensar con palabras, el sentimiento y el pensamiento ocultos de Vicente Vela se expresa en sus pinturas.

Así se nos revelan los pintores. Solana, tan distinto a él, hacía en sus cuadros una lectura personal del mundo. En ellos leemos. Yo a Vela le califico como a un Bosco de cámara, puesto a día que le ha tocado en este tránsito al tercer milenio. Miremos y leamos.

Francisco Brines

 

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