Diario Informaciones. 1971. Castro Arines
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Diario Informaciones. 1971

por Castro Arines

El mundo de Vela se ha transfigurado de un tiempo acá, pero no se ha hecho él demasiado complaciente con las cosas que pueden estar al alcance de nuestra curiosidad óptica, a disposición, de modo natural y simple, de nuestro ojo, y por ello, en buena manera, a la de nuestra mano. Vicente Vela le cambió el rumbo a la dirección de sus figuraciones naturales; le mudó el oriente, pero no por ello las cosas de Vela se han simplificado en sus ideaciones estructurales, sino que, como en su anterior inventiva, o quizá con mayor complacencia que en su inventiva de tiempo atrás, las cosas llegan a nosotros igualmente complicadas en sus significaciones.

La verdad es que meplace imaginarlas con tal inclinación. Los ritmos con que ellas se mueven son consecuentes con una cierta compostura que se puede ya designar de intemporal, puesto que se mantiene activa de ayer a hoy en la inventiva de Vela, pero no así el universo sometido a su curiosidad. Las dos exposiciones que hoy celebra el pintor -Museo Español de Arte Contemporáneo y galería Kreisler- vienen a descubrir que la nueva inclinación de Vela se proyecta hacia las realidades del mundo en cuanto las cosas del mundo se nos facturan como hallazgos del microcosmos animal, vegetal, mineral, aunque ello sólo sea por simpatía hacia las estructuras celurares más elementales: "Un lugar donde pudieran nacer los primeros hojos de la creación". "Espera transformar todos sus miembros en luz", "Proyecto para un ser", "El rayo de la creación esparce su luz", "Esperando organizar sus formas para incorporarse a la creación", "La luz está abriendo el cosmos para fecundarlo" ...

Son ejemplos de las inclinaciones significativas de la inventiva nueva del pintor. El punto en que la curiosidad del pintor se aplica es distinto, pero no tan distinto al método discursivo con que él se explica. La mano familiar del pintor se apunta aquí, en la mirada creativa de estas dos exposiciones, de modo más que conocido, como inconfundible; y su poética; y la elegancia de su dicción; y con la intención un tanto hermética  con que ella se llega a nosotros, que hace lo real como fantástico, lo mensurable y de razón como de pesadilla. Y sobre todo, y sin buscar su intención a esta pintura, ni saber siquiera si ella representa o significa cosa de valer, siempre bella, armoniosa, rítmica, saturada de luz. Un universo de figuración al que Vela recrea en sus arquitecturas, mima en todos sus juegos y posibilidades expresivas. No un mundo de sueño -ni el automatismo, ni el onirismo, ni el psiquismo, ni nada por ahí, tienen que hacer en esta inventiva sino un mundo de vigilancias más que curiosas a las cosas de naturaleza en su verdad, recreadas por Vicente Vela como criaturas entrañables.

Una vez más, el pintor, curioso de novedades, abriendo su inventiva a nuevas sorpresas.

(Diario <<Informaciones>>, diciembre de 1971.)

 

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